ConTacto (Aníbal Llarena)

Siempre hemos oído historias sobre sordos.
Es muy común ver a ciegos por la calle e incluso hay gente que confiesa no tener olfato.
Todo eso por no hablar de los mal llamados “mudos”.
Pero déjenme que les cuente mi historia:
En ocasiones carezco del sentido del tacto.
Carezco del sentido del tacto en ocasiones, y si éste viene, lo hace de forma distorsionada
Hace tiempo que no distingo entre un pellizco y unas cosquillas.
Una leve brisa puedo recibirla como un fuerte puñetazo, y curiosamente me salen cardenales en lugares donde he disfrutado de la más suave de las caricias.
(Aunque el papel me arda, sigo escribiendo)
Me llaman salvaje por no saludar con besos ni apretón de manos, pero debo cuidarme del resultado.
También dice la gente que es bonito tocarse entre personas…
Yo no lo sé, ni lo sabré nunca, por eso no se asusten si un día los huelo fuerte o me quedo largo rato mirándolos fijamente; es sólo que para suplir mi carencia, toco con otros sentidos.

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