Contando los minutos (Óscar Gómez)

Cuenta los minutos ante de bajar. A las 7 llega Facundo para abrir el bar. Espera hasta que este acicale el establecimiento y, al rato, Manolo acude a tomar su cortado, algo cargado. Se coloca en la esquina, la coloniza. Es su rincón.
¿Qué tal la noche, Manolo? Psh como todas, oscura – comenta, y mira de reojo a la máquina tragaperras, aguantando el primer impulso.
Apenas ha dormido la pasada noche, como de costumbre. Mira la calle a través del ventanal del bar, ausente, y se cruza con mi mirada. Llegan los primeros parroquianos: obreros, funcionarios, oficinistas, la mayoría hombres y todos acompañados, excepto él. Se oyen voces, se abren periódicos, chasquean los platillos del café, resuena el molinillo del café. Todo eso le reconforta, se siente a resguardo. Tiene otro impulso de esos, hurga en el bolsillo, lo araña y se contiene, resignado.
Le gusta hibernar allí, es de los pocos bares que no encienden la tele. Recordarle las eufóricas cifras del paro, lo condenarían más si cabe

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