Corazones heridos (Lorena Fdez-Medina)

Caminando bajo el bombardeo me tropecé con un corazón semienterrado bajo los escombros. Estaba herido, lo sé porque sangraba un poco. Me alegré al comprobar que no había muerto pues aún luchaba por contraer sus ventrículos con fuerza. Con cuidado lo cubrí entre mis manos polvorientas y lo llevé a un lugar seguro, lejos de la artillería. Con gran esmero y delicadeza logré curarlo, hasta le cubrí con una venda para cortar la hemorragia que sufría. Le miré feliz y complaciente me devolvió la sonrisa. Tras dejarlo oculto y a salvo cogí mi fusil y regresé al campo de batalla. Aquel día murieron muchas personas bajo nuestras armas. Pero no podía sentirme culpable, pues salvé muchos corazones, tan heridos como el mío.

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