Crónica de un viaje anunciado (Elías Mendoza)

-Última parada, ¿no te bajas?
-No, voy un poco más adelante.
-Vale, pero tienes que volver a picar…

El niño valida su billete de nuevo, y el autobús se pone en marcha para recorrer su línea en dirección contraria. Van sucediéndose paradas y viajeros, y el conductor se inquieta al ver que el pequeño no se baja. Finalmente llegan a la última estación y el niño se levanta, pero en vez de apearse decide ir hacia el conductor.

-¿Es ésta tu parada?

El conductor mira al niño, cuyo rostro no transluce emoción alguna. Sólo entonces cae en la cuenta de que ningún viajero ha reparado en la presencia del niño ni ha reprochado al conductor que le haya permitido subir sin acompañante. Pero este niño no necesita ningún acompañante, y eso el conductor lo sabe en el momento exacto de enfrentarse a la mirada sin fondo de su último pasajero.

-Gracias por el viaje, ha sido interesante ver tus dominios. Pues tú, anónimo conductor, eres amo y señor de este recorrido por el que transitas tu vida y las de otras personas. Pero ahora eres tú quién debe venir a mis dominios, que no son otros sino el tártaro donde moran las sombras y descansa la gran laguna para cuyo peaje tienes monedas de sobra.

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