El crucero (Sergio Daniel Torancio Martínez)

Sonríe capitán es tu último viaje. Escucho aquellas palabras sin prestar mucha atención y lleno de nostalgia. El crucero latía como un corazón, llevaba años, imponente, zurcando los mares. Estaba viejo y parecía gemir milla a milla cuidando su preciosa carga.
El capitán sabia lo que el crucero podía dar , lo iba a extrañar era su hogar. Tenían un código simbiotico no escrito como si el crucero cobrara vida ante las manos del capitán, se entendían. Mientras muchos veían solo un crucero lujoso y de un viaje de placer para el capitán era mucho más, un gigante que los llevo a recorrer el mundo y cientos de culturas, paisajes tan diversos como cada día de lluvias o sol que les tocaba atravesar. Recorriendo tormentas y aguas picadas o serenas. para el capitán era su vida propia. Conocía cada sonido, incluso los nocturnos en aguas muy serenas, sabía que podía ser algún pequeño problema antes que el mecánico se lo dijera. En su cubierta había respirado aire de cada continente pero no sabía, , no estaba seguro, si sonreír en su último viaje, aunque se sintiera profundamente agradecido, o si tragarse las lágrimas en esta separación. Para saberlo faltaba llegar al último puerto.

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