Mi Cuaderno de Viajes , Venecia (M. del Carmen Ayala)

Giré el cuerpo y pregunté su nombre al gondolero.
-Estéfano, me respondió.
Un golpe de remo y la embarcación quebró las aguas del Gran Canal.Conducía atravesando callejuelas con una habilidad que dejaba al descubierto su antigua dinastía marina.Era todo el paisaje, sin embargo, un milagro reciente. Partí desde la Piazetta, Venecia se cubría de un cielo gris que hacía que la bruma creara una sensación de hermandad con las palomas que volaban en giro sobre el león que corona una de las columnas de San Marcos hasta perderse en los innúmeros castelos.
La Signora, resistente, noble, sensual,amante del mar y la belleza se mostraba rotunda ante nuestra mirada navegante.
Elegante y melancólica, la Serenísima pugna por mantenerse erguida,saqueada a lo largo de los siglos por pestes y guerras jamás abandonó la aristocracia del arte y con su bagage ha renacido muchas veces de la destrucción.Imposible no imaginar los fastos deslumbrantes ante los espejos policromados.
Ansiosa por que mi nombre se incluyera en su atmósfera recordé las palabras de Nietzsche ´Tenemos el arte para no sucumbir a la realidad´, pero hay lugares en que se nos redime doblemente.
Lugares de donde nunca se regresa.

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