El cuadro nuevo de la pintora (Claudio Mamud)

La artista se cansó de ver cómo en los concursos en los que se presentaba siempre le daban premios a obras que no eran nada. El jurado le otorgaba el primer premio a un alambre retorcido, un trapo agujereado y sucio, una tela blanca con dos rayas cruzadas y porquerías semejantes.
Por diversión, a ver qué pasaba, decidió emular lo que sucedía en uno de los cuentos que más le gustaban.
Dentro de un prolijo y austero marco, no puso absolutamente nada. En un vértice pegó una tarjeta que decía: “Sólo los ineptos y los que no saben de arte no ven la gran obra aquí enmarcada”.
Como lo imaginó, le dieron el primer premio. Obviamente, se cuidó mucho de que ningún niño asistiera a la muestra.

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