Cuatro pedacitos de carne (SANTIAGO FILÁRTIGA LAMAR)

Cuatro pedacitos de carne. Cuatro pedacitos de carne en un basurero. En la oscuridad y la inmunda vecindad de un trozo de cáscara de huevo, un esqueleto de fruta, un líquido pegajoso procedente de un recipiente de plástico. Como una exhalación del tacho, junto a la pestilencia, algo más. Un rumor, una vibración persistente. Imperceptible o indescifrable para los transeúntes. A lo sumo, objeto de una curiosidad satisfecha sin consecuencias. Escurridizos días y personas. Cuatro inocentes pedacitos de carne. Estar allí. Huevos de moscas verdes sobre ellos. Estar. No ser. Sin embargo, sí, uno. Pedacito de carne trepidante. Quejidos cada vez más espaciados, cada vez más apagados. Clamor que toca una piel. Una figura alta y enjuta se acerca, no para saber, sino porque sabe. Toma un pedacito de carne en frenesí. Le cabe entero en la mano. Para rehuir el designio de la perfidia necesitará otro portento, no le bastará con este espasmo que acaba de sacudir de su letargo al corazón humano.

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