Cuchillo acusador (Afórico Anónimo)

El cuchillo se agita en el aire. Sin vacilar, la hoja cae sobre el madero. Sus ojos me miran indiscretos, sin pudor ni disimulo, como miran los ojos exorbitados que no visten párpados. El golpe separó la cabeza del tronco. No se oye queja ni alarido. De la carne trémula, nada más queda el rumor. El cuchillo entra en sierra abriendo el vientre. Sus ojos no me pierden de vista. La lengua le sale como una oruga muerta por el lado de la boca. La señora apoyada en la columna se lo perdió, da de mamar al niño. La avisaría pero la puñalada ha cortado mi habla. Huele como las costrillas de sangre de mis rodillas; las que me hago en las clases de gimnasia. La sangre densa se escurre por los baldosines blancos. El cuchillo se alza de nuevo, señala a mi madre:
—¿Algo más bonita?
—Sí, ponme un hueso viejo y morcillas.
Entonces mi madre me da una palmadita en la cabeza y dice:
—¿Té gustaría que hoy hiciese cocido?
—Si lo haces con chuches…
—¡Anda que no eres jodia pa’ comer! ¡Chuches!
Una señora abre la puerta y pregunta:
—¿Quién es la última?

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