Dádivas (Jesús Valero Mencía)

Unos pequeños escalones se levantan hacia un edificio como muchos otros y que dejaremos en el anonimato para proteger su derecho a no ser señalado. Escalones que para muchos no son sino la esperanza de fría piedra a cuyo pie, heridos en el alma y no atreviéndose sobre ellos a sentarse, optan por caer derribados.
Magnánima obra la de las manos de bienaventurados que dejan ante ellos sus monedas. Unos por tradición, otros por haber recorrido sus pasos y, la mayoría, como supersticioso pago al destino. Llamándose a sí mismo siervos, cuando entregan sus pocos bienes materiales a cambio de las infinitas recompensas del espíritu.
No deja por ello de desconcertarme que ante tales escaleras se levanten rejas, abiertas con la luz del día y cerradas a la más oscura noche. Martirio, tal vez dádiva, que a uno agite y a otros calme su sueño, al saber durante unas horas apaciguadas sus tintineantes campanas.

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