Danza de amor (Blanca Sánchez Fernández)

Era noche de luna llena, y ella, en su afán de huir de la soledad, corrió por el bosque, sabiendo que su aroma le atraería.
Corrió tan aprisa como pudo. El miedo hizo que su sangre fluyera más aprisa, que su aroma fuera más intenso, y eso hizo que él se excitara aún más.
Jugó con ella, la hizo correr largo rato, aquel juego era su danza de amor.
Ella se detuvo jadeando. Miró a su alrededor, pero no le vio. Estaba asustada y excitada a partes iguales, excitada por las promesas que la había hecho, asustada porque fuera a cumplirlas.
Él se acercó sigiloso y sin prisa, sin apartar los ojos de los de ella para no perderse ni un detalle de lo que sentía, la desnudó.
Sonrojada, su imperfecto cuerpo había quedado expuesto a su mirada, tembló cuando sus dientes brillaron bajo la luz de la luna.
–Prometiste no hacerme daño –susurró.
–Prometí más cosas, y las voy a cumplir todas.
Besó, acarició y lamió todo su cuerpo. La hizo estremecer, suplicar, gozar. Una, dos, tres veces. Hasta estar seguro de que estaba totalmente saciada.
Ella, creyó estarlo mucho antes.
Y entonces, y sólo entonces, deslizó los colmillos a lo largo de su clavícula, y sintiéndola temblar de nuevo, se hundió en ella.

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