Del día que Don Quijote, enfrentó a unos secuaces (Rafael Nivisela Dávila)

Don Quijote,  mandó a Sancho que ensillase y enalbardase al momento, lo cual no fue posible porque el pobre Rocinante no podía soportar la silla por una tunda que le dieron varios yangüeses, Siguiendo a pie caballero y escudero, al  cruzar de una senda vieron venir hacia ellos  varios hombres de a caballo tan bien identificados como rapaces seres dedicados al ultraje del prójimo.
–Don Quijote, –dijo Sancho. –mejor será quitarnos del camino.
–Un Caballero emprender huida, qué os pasa.
–¡Es peligroso! –dijo Sancho mientras  sacaba a su asno de la vía.
–Una golondrina sola no hace verano. –dijo Don Quijote con determinación.
–¡Una! Pero señor, si son más de veinte, y de golondrinas, no tienen nada.
–Aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos, amigo Sancho.
–Las de mis piernas dirá señor caballero, porque lo que es yo, por acá voy.
–¡Cobarde acometed!
–Cobarde, no, precavido, que el que desea morir por no ser amado es usted, no yo.

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