Desde España con amor (Francisco Germán Vayón Ramírez)

Roguy estira los labios y convierte su tímida sonrisa en una explosión de blancos dientes. Se acerca un poco más al coche y primero con disimulo, pero luego con firmeza, apoya su mano en el capó con pose de propietario. En el último instante levanta la manga izquierda de su camisa para que el enorme reloj de oro brille al sol a la vez que suena el clic y el hombre, con cara de pocos amigos, le devuelve la cámara.

–Muy agradecido, señor –consigue articular Roguy en un español casi inteligible, mientras hace una leve reverencia.

Echa vaho sobre la huella que su mano dejó en la carrocería y la limpia con el faldón de su camisa. Sonríe al pensar en la foto que algún año de estos recibirán sus familiares en Gabón, porque sabe lo felices que estarán de que le vaya tan bien. Ahora irá donde Boniface a devolverle reloj y cámara y, sonriendo, le pedirá que le mande la foto a su primo. Luego volverá a su semáforo, con sus pañuelitos de papel y su indestructible optimismo.

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