Desde el Pico del Águila

Al caminar hacia el pico del Águila, cima tremenda que corona el Ajusco al sur de la Ciudad de México a casi 4000 mts. de altura,
el esfuerzo de superar los pastizales crecidos –ya cercanos a la cima-, de salvar hábilmente las enormes rocas cercanas a la punta, de no ceder ante el vértigo de los bellos pero peligrosos desfiladeros hace que el arribo a la cima tenga un sabor a logro consumado tras más de dos horas de subida continua.
Siempre he sido partidario de la autosuperación, no bajo la forma de cocinar caldo de pollo para mi alma o de averiguar quién se robó mi queso –sin problema lo regalo- y mucho menos me interesa ponerme a pensar si mi padre es rico o pobre. La autosuperación a la que me refiero es más personal y tiene como principal inspiración el areté griego –cultivo de la excelencia en sentido amplio-, al imperativo categórico kantiano –que groseramente se puede resumir en: trata a los demás como quieras que te traten- y algunas dosis de humor sarcástico. En algún punto la autosuperación nos implica llegar al límite, a veces físico, a veces emocional o personal y así salir de la zona de confort.
Más nos valdría abrir nuestras alas y volar desde el pico del Águila.

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