El destino de un nombre (Milagros Ibarra)

Esteban Jr. salió muy temprano. Alto y fornido como su padre, no pudo prever que ese porte sin igual no alcanzaría a frenar el impacto del camión que se estrellaba contra él, dejándolo en el pavimento. Los  mirones no se hicieron esperar mientras las plañideras venerables le cubrieron el rostro con un pañuelo fino, nuevamente la tragedia les embargaba. Los funcionarios y el Alcalde no tardaron en llegar, al descubrirlo la magia inexplicable de su linaje fue renovada. Hermoso ahogado el padre, hermoso arrollado el hijo, -Bueno, dijo el alcalde, -años atrás sembramos flores en los acantilados, es tiempo de cambiar el ancho de las aceras y renovar las ordenanzas municipales.

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