Devorador de cuentos (Iván Rodríguez)

-¡Buenos días caballeros! Vendo cuentos.
-Deme todos los que tenga ya que nací vació. ¿Cuántos me ofrece?
– Yo le ofrezco los que quiera, solo tiene que creérselos.
– Es usted muy generoso. Me lo creo sin dudar.
– Aquí tiene. ¿Cómo se siente?
– Creo que ya me siento lleno. Continúo mi camino gracias.
Así eran todos los días. Aferrándose a un clavo ardiendo. Solo y sin camino. Buscando lo que complementara su vacío intrínseco. Era un devorador de cuentos. Los cuentos le ofrecían la salvación. Pero siempre dejaba de creer y el caía.
– ¡Buenos días caballeros! Vendo cuentos.
-Vengo a devolvérselos. No me sirven.
-¿Pero usted cree en ellos?
-Lo intento, pero es imposible.
-Entonces no admito la devolución. No quiero cuentos de otros. Tengo más cuentos.
-No parecen los de ayer.
– Yo no siempre tengo los mismos cuentos. ¿Los quiere?
-¡Qué remedio!
Los devoro sin dudarlo, pero al día siguiente dejó de creer en ellos. Lleno de cuentos de otros pero vacío. Agotado. La caída cada vez más rápida.
-¡Déjame! No quiero más cuentos.
-¡No vendo cuentos! Deberías dejar de comer cuentos de otros. Vive o muere. Es tu decisión.
-¿Quién eres?
-Soy tú.
-¿Mi cuento?
-El único que importa.

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