Un día cualquiera (Laura Beatriz)

Lo malo de Miriam es su escopeta cargada. Me recuerda a la de perdigones de las ferias. El otro día su hijo golpeó en el cristal del autobús, pero en Madrid los autobuses no se detienen si ya han salido de la parada. Ahora poneros a echaros las culpas, de quién ha derramado el jugo esta mañana. A mí no me gustan los maridos como el de Miriam, nunca se habla de ellos porque nunca están en casa. Ya ni siquiera se acuestan esos dos, el forro polar azul marino y los hombros echados hacia delante te delatan, fatigan a cualquiera solo de ver las pocas ganas de que sea martes víspera de festivo. Yo me río y entiendo a los niños cuando hablan de sacar ojo con cucharillas, me dan ganas de decirle a ella que es divertido, pero que si está cansada entiendo que no le haga gracia. Los niños quieren ir a la bolera descalzos y a mí me gustaría sacar veinte euros del bolsillo, pero no los saco, es imposible. Además, cualquier infancia no precisa bolera. Los bolos caen por si solos si la velocidad y precisión al lanzar es buena.

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