Un día menos (Paula Amancay Sepúlveda)

Ya se había masturbado tres veces. La ansiedad no se iba.
Buscó el papel con cocaína pero sus tripas tronaron.
El ano se le deshacía en ácido. Escupió por detrás la nada hecha trizas.
Tosió.
Esnifó todo el polvo que quedaba.
Tosió.
Sudó.
Con la cara brillosa salió en busca de tabaco. Si le alcanzase para un trago, mejor que mejor.
La primer colilla previa a ser descartada le sirvió para encender el siguiente cigarro.
El vaso de gin le dejó un alivio efímero y le regaló un plus de ansiedad.
En el baño de aquel bar se masturbó por cuarta vez. Su sexo ardido pidió clemencia. Se había confundido de baño. Unas voces se lo hicieron notar.
Las dos personas que habían ingresado estaban para endurecer sus corazones también. Salió del recinto individual. Se incluyó en la ronda. Le pidieron un intercambio que cerró con sexo oral.
Ya en la calle, sin entender en qué momento del día se encontraba, pensó en lo triste que se sentía, en el gusto turbio de su garganta y en la ansiedad que volvía a acechar.
Mañana sería igual y hoy aún no terminaba.
El corazón le galopaba perdido. La mente tropezaba en el abismo.
Eyaculó su cuerpo bajo las ruedas del primer auto que se cruzó.

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