El dinosaurio (Ernesto Oyonarte)

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Cuidando su presa. Su débil presa.
Sin duda, mucho más ágil que él.
Pero con un poderoso defecto.
Su ausencia de instinto depredador.
Le había costado arrinconarlo. La caza se había prolongado durante meses, incluso años.
Y ahora, encerrado en su húmeda cueva, sin apenas comida, aturdido y temeroso, podía imaginar lo que pasaba por su cabeza.
Su eterno enemigo, aquél que durante tanto tiempo lo había perseguido, acosado y, al fin, atrapado, al amanecer acabaría con su vida.
De nada había servido su velocidad, su destreza, su olfato o su extraordinaria visión.
Esa húmeda y oscura gruta era, en estos instantes, su prisión. Y la única salida hacia la libertad, estaba custodiada por ese aterrador ser.Sin escapatoria.
Eso, se dijo el vigilante, era lo que posiblemente estaba pensando su débil presa.
Pero la realidad era bien distinta.
Inimaginable para una mente tan primitiva.
Porque lo que no sabía aquél que había despertado, aquél que miraba furtivamente hacia la entrada de la gruta, aquél que veía un dinosaurio que todavía estaba allí, era que ESE dinosaurio, sólo se trataba de UN HOMBRE.
Y que su único fin era…..DOMESTICARLO.

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