El Discreto encanto de la Apostasía (José Luis Najenson)

En 2050 un discípulo póstumo de Buñuel decide realizar en España, y en su honor, una nueva versión de “El discreto encanto de la burguesía”. Pero, como le ocurrió a su Maestro, no pudo filmarla en su país debido a las prohibiciones vigentes en esos días, peores que las de cualquier época. Y para que la cinta pudiese ser vista en Europa, tuvo que hacer concesiones: Tanto el Embajador de Miranda como los Thévenot y los Sénechal, debían vestir recatadamente; albornoz los hombres, chador las mujeres. Tampoco le permitieron exhibir bebidas alcohólicas de ninguna especie, ni llenando las antiguas botellas con agua coloreada. Lo más difícil fue, empero, ceder al final feliz impuesto por los ulemas: la deseada pata de cordero debería servirse una noche de Ramadán, para romper el ayuno diario.
“¡Pobre Buñuel” -pensó el discípulo- “Si viera en qué ha quedado su famosa película se revolvería en su tumba, decepcionado también de su último admirador, pues ya no creo que le aparezca otro.
Claro está que la apostasía tiene también su discreto encanto, el Ministerio de Culto correrá con los gastos de producción y el filme será distribuido por todo el Califato.

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