Disparo (MARÍA DEL CARMEN AYALA)

Otea con sigilo, agazapado y lento. Revisa obsesivamente la distancia entre sus manos y la presa.Sabe que un segundo de distracción convertiría la ansiada muerte, en vida.La tarde avanza con su espesa tiniebla que convierte su intención en amenaza.Se espesa la sombra donde, en el mundo,solo se encuentran dos seres que arbitran un caprichoso equilibrio de supervivencia.Ha de tener cautela para que no se produzca el fallo; la mirada intensa,los brazos tensos,la postura forzada compensando la inminente retracción del impacto, los pies atenazados en la tierra, humedecidos los párpados por el sudor que desciende de la frente a través del hosco dibujo,ahora,de las cejas.El aire huele a humedad,a corteza, a musgo, a raíces, al vaho del agua del pantano.
Un sonido como un golpe vertebral, vibrante y sólido desencaja la atmósfera contenida del bosque.
Muy lejos gorjea un pájaro. La creación es tan vasta
que, quizá, en la antípodas amanezca y el poder de la belleza todo lo cubra.
Pero aqui, a una sobria y sangrienta distancia del cazador yace un animal bajo su propia naturaleza.

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