Como cada domingo (Carlos Pavón de Mingo)

Se encontraban en la pensión “El paraíso”, como hacía ya cuarenta y tantos  años. Lo hacían cada primer domingo de mes. Al principio, en la época de la transición, daban rienda suelta a sus deseos, con ardiente pasión. Ahora, se limitaban a darse la mano , mirarse a los ojos y sonreír como niños.
Él se marchaba primero, pagaba discretamente la habitación a la espera del próximo domingo. Ella lo hacía un buen rato después, tras  anotar las incidencias de su encuentro en su viejo diario.
Luego, por la noche, ambos se encontraban de nuevo en  casa, rodeados de hijos y  nietos, con una mirada cómplice durante la cena cuando sus hijos les preguntaban por su ausencia, como cada domingo.

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