Dragones (Laura Pérez)

El cuerpo estaba destrozado y lleno de quemaduras.
A solas con el chico, único posible testigo, su padre y la policía trataban de sacarle algo, pero éste, deficiente de nacimiento, con los ojos embobados en un punto fijo del infinito sólo pronunciaba una palabra.
— Dragones.
Lo dejaron por imposible.
El padre se lo llevó a casa. La comisaría estaba en el centro, y en la plaza unos muchachos trataban de sacarse un dinero escupiendo alcohol sobre un trapo encendido, ante la mirada embelesada de los niños.
El chico apretó el paso mientras, tembloroso, tiraba del brazo de su padre.
—No, no, no tengas miedo —trataba de tranquilizarle éste.
El chico sólo pronunció una palabra.
—Dragones.

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