Dueña de su tiempo (MARIBEL GARCIA ESTEBAN)

Al entrar en el metro, descubrió que el tiempo era suyo.
El reloj de pulsera que le había regalado su madre y su teléfono móvil dejaron de marcar las horas. Era libre por unos instantes de la esclavitud del tiempo.
No había prisas, no había transeúntes corriendo hacia el andén, no había hojas de periódicos volando tras el vagón, ni tan siquiera había ruido. Sólo estaba Ana, sentada en un banco con un libro entre sus manos.
El panel informativo se despereza de su letargo y marca un minuto. Ana levanta la cabeza y cierra su libro.  Ya consumió su tiempo.
El tintineo de la campana la traslada a la realidad.

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