Dulces sueños (Susana Rodríguez)

A la mañana siguiente, el cura habló del respeto y la fidelidad de las jóvenes esposas, de  los  niños como fin de todo acto de amor y del matrimonio como el estado perfecto.

Sin embargo, Maria del Mar no pudo escucharlo, porque aquella mañana se quedó en LA cama, al arrullo de los tranquilizantes, soñando con Harrison Ford. Pensando que quizás no estaba siendo una buena esposa, porque estaba siendo infiel a su marido en sueños mientras él acudía a misa con los niños y eso estaba penado por la ley divina.

Maria del Mar se preguntó, en su febril inconsciencia,   qué diría aquella ley de los moratones de su cuello, de su ojo hinchado y  de su brazo roto. Qué diría esa ley de aquella foto que había encontrado en uno de los bolsillos de la chaqueta de su marido. Qué diría aquella ley de las noches en vela esperándole, velando por alguno de sus hijos o temblando bajo las sábanas. ¿No tenía esa ley un apartado para ella que le permitiera soñar de vez en cuando con Harrison Ford?

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