Duplicado (Marta de la Aldea Domínguez)

El otro día me encontré en el mercado comprando naranjas. Me acerqué y me dije: “mejor plátanos, que las naranjas me dan acidez” pero no me hice ni caso, y arramplé con tres kilos y medio que, decidí en aquel momento, iban a pudrirse en la cesta de la fruta. Me miré extrañado y me contesté: “si se echan a perder es porque no comes suficiente vitamina C, y por eso tienes la encías como las tienes”. Me di media vuelta y me acompañé a casa.
Ya en mi habitación me recosté a mi lado. Como no lograba conciliar el sueño me dirigí de nuevo a la cocina y justo cuando me estaba comiendo una naranja, empecé a llamar a la puerta con insistencia.
– “Olvidé las llaves ”, me dije, dejándome pasar mientras terminaba de sorber la naranja con asco.
Me senté a mi lado y abrí el libro de psicología, que llevaba leyendo ya dos meses, por el capítulo: “Ego, yo y superyó”
– “Cómo odio a Freud”, me grité.

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