Encrucijada (Pablo Martínez Fernández)

Y fue en ese mismo momento, cuando ella abrió la boca para responder a mi pregunta, que me di cuenta de las tremendas consecuencias que tendría su respuesta, fuera cual fuese. En ese breve instante de vacilación, fui consciente de en cuántas ocasiones me había visto en una encrucijada semejante en el pasado. ¿Cuántas oportunidades había dejado escapar, cuántos caminos increíbles había dejado de recorrer al escoger esto o aquello?
Pensé en todas las personas que podría haber conocido, buenos amigos, amantes, tal vez una familia. Pensé en todas esas vidas distintas que podría haber vivido, truncadas una a una en encrucijadas como la de aquel día, y confieso que tuve mucho miedo. Estuve a punto de levantarme y salir corriendo, ¿pero acaso huir no era otra forma de tomar una decisión y alterar el rumbo de mi vida?
«No se puede vivir con miedo», recordé, conteniendo el temblor de mis manos y tratando de ahogar el impulso de encender un cigarrillo. Alguien dijo una vez que del mañana nadie está seguro, y ni el más sabio conoce el final de todos los caminos, así qué, ¿de qué preocuparse?
Aliviado, alcé la vista, contuve el aliento y escuché la respuesta que cambiaría mi vida para siempre.

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