Escondido (José Antonio Marín Carrillo)

Mientras apagaba el cigarrillo, me quedé unos segundos mirando al humo que se consumía en el cenicero. De la nada, apareció el reflejo de tu cara, esa cara que esta tarde, como tantas, había visto en la tienda de abajo. La sonrisa, la expresión de tus ojos no eran exactamente tal y como los recordaba, pero eras tú, lo sabía. Tenías algo en el gesto que me llamó la atención, algo anormal, triste, desdibujado. Extrañado, asustado tal vez, levanté mis ojos para esquivar esa imagen que estaba consiguiendo erizarme el vello de mi cuerpo. Sin más, el humo se desvaneció y tú desapareciste de mi vista. Al instante, llamaron repetidas veces al timbre y no quise abrir.

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  1. Y por qué no quisiste abrir?

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