Espejismos (Luciana Prodan)

La noche la despertó sin su permiso. Giró su cabeza y lo vio. El cuerpo de aquel hombre durmiendo sobre su cama la interpelaba. Le congelaba las fuerzas, la energía, la fe.
Lo miró con desconfianza, pero no sintió miedo. Miedo, no.
Se acercó, despacio, para mirarlo de cerca. Le miró las manos, las piernas, la piel…
Arrimó su boca a la de él. Tuvo ganas de besarlo, pero no lo hizo. Su aliento le pareció cálido y fresco a la vez.
Al rato, su corazón dio un vuelco. Saberse desnuda frente a un desconocido la estremeció. Cerró la bata que la cubría, con fuerza, como si con ese gesto lograra taparse las culpas que no sentía. Miró a su alrededor, desconcertada. Todo le parecía ajeno,lejano, perdido…
Se dirigió hacia al baño. Las luces estaban prendidas, como siempre. Abrió la canilla; la cerró. Volvió a abrirla con rabia, y lo primero que hizo fue mojarse la cara con agua fría y mirarse al espejo. Se miró una y otra vez, con desesperación, pero sus intentos fueron inútiles. Ella había sido feliz…Había sido feliz y no podía reconocerse. No iba a reconocerlo jamás.

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