Fantasía quijotesca (Alejandro Paredero Pérez)

Pese a los gritos de su buen escudero Sancho, aludiendo a que eran molinos de viento a lo que se enfrentaban, Alonso Quijano dio de espuelas a su caballo Rocinante dirigiéndose hacia el mayor de todos los gigantes que ocupaban la extensa planicie castellana. Tras un hábil movimiento sobre la montura, el caballero logró evitar la descarga del poderoso brazo y colocar un certero golpe con su lanza bajo la axila. La pica se incrustó en la carne tras el violento envite quedando el titán tendido en el suelo y herido de muerte.

El resto de gigantes, tras ver derrotado a su rey de tan valerosa y diestra manera,  y ante la incredulidad de Sancho, se rindieron ante Don Quijote entregándole sus tesoros.

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