Felicidad infinita (Salvador García Rodríguez)

Cuando la bibliotecaria apagó el flexo, descubrió sobre su mesa una bolsa de terciopelo morado. Un sobre color sepia sellado con lacre rojo  reposaba a su vera. Tras unos instantes de duda, desnudó  su contenido: una botella de brandy de Jerez. En una esquina de la etiqueta habían garabateado una fórmula aritmética: Finfinita= (L+S+A)X. Dejando entrever una sonrisa traviesa, leyó la tarjeta. Reconoció la  caligrafía elegante de su admirador, la invitaba a cenar.  Por supuesto aceptaría.
Después de la cena, mientras ambos paladeaban el brandy, ella   observó:
-Veo que por fin has conseguido  engarzar todas las variables en tu fórmula  de  la felicidad.  El coeficiente X es nuevo, aporta un matiz insólito   a la ecuación. Aventuró ella con osadía ¿verdad?
El asintió complacido.
Y ella experimentó  como el suelo se estremecía bajo sus pies y la sangre le subía a la cara, cuando  él  le susurró al oído:
-“Si, porque la X somos tú y yo”…

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