Forjando milagros (Luis M. Cano)

La espada fue forjada siguiendo instrucciones secretas llegadas desde palacio. Una nueva fragua se construyó para la ocasión, ningún otro encargo se realizaría nunca en ella. El acero de Mondragón se fundió y templó a la luz de la luna llena la primera noche que el cierzo volvió a soplar, mientras siete lobos blancos contemplaban en silencio la artesana fabricación. La empuñadura quedó engarzada con vetas de oro y topacio. La reina admiró el resultado y ante su increíble belleza, lloró. Sus lágrimas resbalaron por la hoja reluciente, dejando surcos indelebles. Desde ese día la espada ganó todos sus combates pero jamás segó una vida, aunque atravesara un corazón. Las heridas infligidas cicatrizaban; regeneraba la piel y sanaba el alma.

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2 comentarios
  1. Excelente relato, conmovedor en tan pocas palabras!

  2. Siempre el mejor.

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