Fortunato y su zapato (Cristina Fernández Martínez)

Cuando Fortunato perdió su zapato miró a ver si lo tenía el gato. No estaba junto al minino, así que tuvo que seguir su camino. Tras pensar un poquitín, decidió ir a Berlín. Lo recorrió todo entero, mas no dio con su paradero. De repente, se dio un golpe en la frente. ¿Cómo había sido tan inocente? Debería haber ido, a ver si en la cama estaba dormido. Se acercó despacio, con mucho sigilo, pero no oyó ningún ronquido. Si en la cama no estaba, ¿dónde narices se hallaba? Puso la casa patas arriba. Pero el zapato ingrato que decidió que de su pie se iba no quería aparecer. ¿Tendría miedo? O, quizás, se marchó de vacaciones y ya no sabe volver.

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