Fuerzas (Andrea Miñana Claramunt)

Cerré el pestillo del baño. Al otro lado, mi padre golpeaba la puerta con todas sus fuerzas. «¡Abre la puerta!» es todo lo que oía mientras intentaba no pensar en ella. Lágrimas empezaron a caer por mis mejillas. «Los hombres de verdad no lloran!» podía oír la voz de mi padre. «No llores, no llores» me decía a mi mismo. Odiaba mostrar cualquier rasgo de emoción, mi padre había pasado incontables horas curándome a través de golpes. Pero mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas y mi labio empezó a temblar. Una voz oscura en mi cabeza me decía que podía acabar con todo el dolor y la humillación. Cada lágrima que me caía hacía de esta voz más presente. Puedes terminar con todo esto. Temblando, me acerqué al armario y cogí una cuchilla de afeitar. Del mismo lugar donde ella había terminado con su vida. Empecé a presionar la cuchilla contra mi muñeca, el metal frío sentaba bien contra mi piel. De repente oí una voz «¡No!». Una voz que hacía mucho tiempo que no la escuchaba. Al abrir los ojos vi a mi madre en el espejo. «No te rindas como hice yo.» Su reflejo desapareció y dejé caer la cuchilla. Sin dejar de mirar mi reflejo, respire hondo y saqué fuerzas para luchar un día más.

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