Fumando espero (Seve Calleja)

Que la demencia senil de Inés era ya extrema se notó cuando llegó la afasia.
—Jesusito de mi vida…, venga, abueli, ayúdame…, Jesusito…
Pero la abuela Inés, acaso enfadada con él por dejarla seguir viviendo así, no rezaba ya su nombre.
Midiendo los últimos rescoldos, aferrada a su mano y con el rostro sobre la misma  almohada de su madre, su hija le susurró:
—Fumando espero…
En lo más apartado de sus recuerdos debió de recordar que aquel cuplé era un canto indecente, que le estaba prohibido, que incluso su difunto marido se lo tenía vetado cuando se lo oía cantar mientras los cristales o el pescado.  Pero a ella le gustaba tararearlo siquiera con la boca cerrada. Era uno de su pocos gestos de insumisión.
—…al hombre que yo quiero… -consiguió articular con enorme dificultad, antes de que el silencio fuera definitivo.

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