Ganar la derrota (Óscar Casas)

El mar no recompensa a los que están demasiado ansiosos. Y nosotros no fuimos una excepción. Las protestas empezaron en primavera. Nuestro enojo por la represión nos llevó a pelear, pero fue nuestro ego, aunque le llamáramos principios, el que nos mantuvo ahí, en la lucha. Ese año la primavera no dio paso al verano. Ese año transitó hacia una oscura y larga noche de la que no pudimos huir hasta casi mil días después. La palabra guerra llegó primero a los colegios, como un enemigo lejano, para después golpear duramente cualquier esquina de nuestra ciudad. Tomamos la decisión de marchar cuando la sombra de la palabra derrota conquistó nuestras almas. Nos aferramos a la idea que la victoria no era necesaria para alcanzar nuestros objetivos. Después, simplemente los cambiamos. Ahora que he conseguido llegar con mis hijos a la orilla. Ahora que acaricio la meta de una nueva vida, o mejor dicho de una vida, porque lo que dejamos atrás era solo supervivencia, entiendo, mientras miro hacia el mar que nos presentó y que ahora, como amante cruel nos separa eternamente, que mucho peor que perder todo, es vivir con el sufrimiento de conseguir lo que deseamos habiéndote perdido a ti.

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