Hamor (Francho Aijón)

(…) Ella me vesó. Fue al escribirlo cuando me di cuenta, nuestros labios desconocían la ortografía del acto. Nunca me habían vesado así, y eso, amigo mío, no admitía de academias. Así nació mi hamor analfabeto, desafiando ora al suvrallado rojo ora al, azul. Más tarde, nos dimos cuenta que también podíamos conjugar a nuestro antojo, prescindir del pasado y del futuro, prescindir también del condicional con su condena de imposibles. Y sin saberlo, nos acercábamos al final. El condicional es lo que hace funcionar al mundo, ¿verdad, amigo? Qué sería del mundo si no pudiéramos proyectar la vida más allá de lo que vivimos. Esto llegó a oídos de los académicos. Nos condenaron a cinco años de internamiento en un centro de reeducación.

Por eso te escribo después de tanto tiempo. Entiende cualquier falta como una intertextualización de aquellos años. Si te preguntas por nuestro amor. Nos estuvimos amando y besando como la academia manda, pero apenas duró un mes. Un día me miró y me dijo: – Podría haber sido bonito. – “Podría”, ¿entiendes?

No te he escrito con anterioridad, amigo, porque buscaba las palabras correctas con las que contarte todo lo que me aconteció en estos últimos haño.

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