Identidad (Pablo Jacobo)

—Señora, temo que tendrá que acompañarnos. Ha sido acusada de robo de identidad —dijo el oficial.
—No puede ser, ¿de qué habla? —preguntó ella, indignada.
—Su fotografía ya está en los registros, bajo otro nombre.
Se resignó. Segura de que las cosas se aclararían tarde o temprano, decidió no resistirse. Se sometió al proceso judicial sin protestas. La metieron en una celda oscura y fría. A los dos días, su abogado le dijo:
—Los resultados de ADN lo confirman, su identidad es falsa. Se le ha encontrado una pariente de sangre en Colombia, todo indicaría que es su madre. Será deportada mañana mismo.
Nadie quiso escuchar razones. Ella rogó, pataleó y lloró, pero no hubo caso. No la dejaron volver a ver ni a sus hijos ni a su marido. Simplemente, la subieron a un avión, y la sacaron del país como a una simple delincuente.
Diez horas más tarde, cuando salía del Aeropuerto Internacional El Dorado, una mujer anciana se le acercó y sin decir nada la tomó de la mano. Subieron a un taxi, que las dejó en un depósito del puerto de Bogotá media hora después.
La anciana abrió la puerta y le mostró el interior del galpón.

Vio su propio rostro que se repetía, en filas interminables.

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