INÉS LÉBEDEV (Begoña)

El día fue iluminándose paulatinamente. Un sol frío, inundó la habitación con
una pátina gualda. Entró poco a poco.  Atravesando primero  los resquicios
de la persiana, y estirándose sobre las baldosas pulidas, hasta tocar,
como un dedo impertinente, la desconocida tela azul cobalto, de las
babuchas, que mucho tiempo atrás, su tio, le había traído de Argelia, hasta,
transformado ya, en cálida caricia luminosa, llegar hasta sus pies.

En ese punto de la rotación, Inés ya había repasado las tareas que le
llenarían la mañana. Así que, se levantó sin hacerse demasiado la
remolona. De todas formas, unos  minutos más entre las sábanas, no le
servirían de nada, al contrario, perdería un tiempo que la situaría después, en
en una carrera contra el reloj.
Miró el escritorio junto a la cama. Los sobres aguardaban uno sobre otro. Se
sintió orgullosa de su trabajo y sonrió, con una sonrisa que no llegaba a ser
del todo sincera, o que escondía un íntimo temor, o tal vez, una infelicidad
que no se solapaba bajo la curvatura de los labios un tanto apretados.
Sacudió la cabeza y chasqueó, como compadeciéndose a sí misma.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario