Ingeniería genética (Inma Astorga Robles)

Rozando tus vapores,  tu frialdad se cristaliza en escarcha, se me clava y me hace sangrar ligeramente, pero no me duele.
Lamiendo tu destilación férrea mi lengua se torna rígida, pero se entreabre algo parecido a un corazón latiente,  y mi carne se dilata en tu interior como la condensación del agua dentro de una gota que no quiere crecer más por miedo a romperla.  Qué dulce es sudar dentro del mar.
Dos círculos rosados y perfectos anidan en la humedad de mis manos, formando una unidad indivisible con vida propia.
Desde la punta de tu nariz se asoma el fluir de tus ojos y de tu frente.  Y yo no sé cómo hacer para que no se rompa cuando lo lance hacia arriba, junto a las estrellas, para que nadie pueda tocarlo jamás.
Entonces siento que no estamos hechos de carne y hueso, ni tan siquiera de metal, sólo de ganas y de alguna forma de vida al desuso.

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