El Inmundo (Néss Noldo)

Tras recorrer el grueso panteón visceral, escapó por poco de la guillotina que había dividido
a sus semejantes y salió ileso del túnel, disparado con un estruendo. Cayó en el tazón de los
condenados y observó con ojos frijolescos el gran ojo de su Creadora, quien inmisericorde,
accionó el mecanismo del torbellino que lo succionaría junto a sus hermanos al olvido,
como se hace con toda inmundicia.

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