Irreversible (Cristina Seoane)

Fijé mi atención en una pila de cajas de cartón arrinconadas tras la mesilla de noche. Las levanté y descubrí lo que había debajo.

Un montón de gusanos se movían inquietos. En un acto reflejo tiré las cajas al suelo. De ellas salieron no solo más gusanos, sino pequeñas serpientes que amenazaban con hincarme los colmillos. Salí apresuradamente de la habitación cerrando la puerta tras de mí. Sin motivo aparente, el resto de la casa estaba a oscuras. Palpando a tientas, me hice con un cuchillo. Me senté en el suelo impaciente.

La puerta empezó a abrirse lentamente dejando entrar un hilo de luz. Pude intuir una sombra y, sin pensarlo, elevé el cuchillo y lo bajé con todas mis fuerzas.

Al tiempo que asestaba el tajo certero, comprobé que la víctima no era una esperada serpiente, sino mi querida perra. La había cortado por la mitad y las dos partes de su pobre cuerpo correteaban independientes. Presa del pánico quise retroceder en el tiempo, pero el acto era irreversible.

Solo existe un lugar inexistente que no se rige bajo las reglas de la vida. Ese maravilloso lugar son los sueños.

Y quizá este sea uno de ellos.

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