Jake, el suertudo (M.M)

Era cuestión de tiempo. Lo esperaba, lo veía venir. Los otros clanes tramaban derrocarme del consejo, a mí, a Jake el suertudo. Hoy el apodo me ha venido grande.
“Jake, arregla el dichoso escalón. Un día va a pasar algo”, me advirtió mi santa.
Y ha pasado.
A primera hora de la mañana oí ruidos. Alguien entró por la ventana de la habitación colindante a la mía. Quise huir, pero caí cuan largo soy al tropezar en la escalera que lleva abajo. Rodé hasta quedar tendido de espaldas en el suelo del hall.
Intento moverme, pero no puedo. Las piernas, rotas.
Arriba, en la barandilla, observándome, está él: Tini, el pestañas. Se ríe. Lleva el cuchillo de los encargos. ¿Cuántos hizo para mí?… He perdido la cuenta. Hoy, yo soy su asunto.
Empieza a bajar.
¡Increible! ¡Qué suerte tengo! Tini también tropieza en el mismo peldaño. Cae. Su craneo se estrella contra la pared. Quiebra el hueso. Sangra copiosamente. Se muere ante mis ojos mientras yo sigo vivo.
Nuevamente he vuelto a escapar de la muerte.

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