Juego de gaviotas (Roberto Moya García)

Cuando Nohemí y yo jugábamos en el patio, las gaviotas bajaban a comer el granizo que yo hacía de recortar en bolitas su fondo blanco. Emocionados, nos escondíamos en la trinchera de mis soldaditos, muy quietos y silenciosos para no espantarlas. Pero siempre volaban cuando ya no había granizo.

Al irse nos entristecíamos. Nohemí lloraba, y yo me aguantaba las ganas. Para consolarla, me ponía a juntar las plumas que las gaviotas dejaban y con su juego de costura le hacía corpiños. Sin embargo, ella seguía llorando aunque le prestara mi castillo con arqueros custodiando a la princesa y le dijera que las gaviotas volverían mañana.

Una tarde, se me ocurrió, para que las gaviotas se quedaran en nuestro patio, dibujar en el vestido de Nohemí a un niño que estuviera siempre recortando granizo.

Nohemí sorprendida, abrió mucho los ojos y me abrazó. Luego muy quedito, como si tuviera pena me dijo que, si las gaviotas iban a ser nuestras, tendríamos que jugar a el papá y la mamá, para que el niño, también.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario