Juego limpio (Marcos Llemes)

El juego era simple. Él me mostraba el puño, como si guardara en su interior algo que me pertenecía, y susurraba un deseo, tan bajito que me resultaba imposible escucharlo. Entonces yo colocaba mi mano sobre su puño, cerraba los ojos y hacía mi petición. Creíamos que si ambos habíamos deseado lo mismo, se haría realidad.
La mayoría de las veces terminábamos discutiendo porque nuestros deseos nunca coincidían. Estoy seguro de que él lo hacía a propósito, deseando cosas que para mí eran impensables. Y sin darnos cuenta, nuestras peleas se disolvían en estruendosas carcajadas…
No recordaba nada de esto hasta que volvimos a juntar nuestras manos, veinte años después.
Acaricié su piel helada y entrelacé mis dedos a los suyos. Cerré los ojos para contener las lágrimas y pedí un último deseo. Estaba vez, esperaba un juego limpio.

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