El juego de mami (CABEZAPLANA)

Prometí a mami que jugaría hasta el final. Sería divertido ver la cara de su nuevo novio buscándome. Solos él y yo mientras ella iba al súper. Esperé en silencio. La llave giró y me escondí debajo de la cama. Le oí refunfuñar al toparse con la casa vacía. Levanté una pizca el edredón y espié a aquel hombre con cautela. Estaba arrodillado en la alfombra, pasando muchos billetes de una bolsa negra a una maleta. Me asombré por tal tesoro, mami y él siempre se peleaban por el dinero. Hice ruido sin querer. Él viró la cabeza. Caminó hacia mí. Podía ver sus zapatos apuntando a la cama. Llegó a mi altura y aprecié su sombra sobre la plaqueta. Los nervios me hicieron pulsar un botón perdido en el desorden de mi cuarto. Dos luces rojas y un berrido mecánico atropellaron sus talones. Él se giró sobresaltado. Pisoteó furioso. Mi coche teledirigido se hizo trizas bajo su rabia. Gritó una palabrota. Advertí su respiración apurada, el frenesí. Momento que aproveché para erguirme sigiloso. Encañoné su espalda con la pistola que me había dado mami. Disparé a la vez que berreaba: ¡Perdiste, perdiste! Cinco tiros a traición y un hijo obediente bastaron para completar el juego de mami.

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