La abuela nunca me lo dijo, pero me lo enseñó. (Tonatihu Blancas)

La abuela nunca me dio consejos filosóficos profundos como muchos otros afirman, no tuvimos tampoco una relación estrecha y de complicidad.
Desde que recuerdo la abuela siempre fue vieja. Los domingos nos reuníamos para ir a visitarla. Sus hijos ponían como punto de reunión su casa para lavar las culpas y sentir que cumplían con su obligación moral de atenderla aunque en realidad nadie le hacía caso. Todos platicaban, comían bebían; los nietos jugueteábamos al interior de la vieja casa o en la colonia, mientras a la abuela la habían acarreado en la silla de ruedas a otra estancia, le encendían el televisor y le ponían cualquier porquería, en ocasiones, a hurtadillas le colocaba en el cable algún filme de acción o suspenso.
Ya entrada la noche nos despedíamos, la besábamos y nos retirábamos cada quién a sus casas.

La semana pasada murió la abuela y me dio la lección más importante en mi vida.

Al interior de un sanatorio particular, más temprano, he firmado la forma para someterme a la vasectomía pese a que no tengo hijos.
Hace unos minutos he salido con algo de comezón en las gónadas, feliz y agradecido con la abuela quien me enseñó el valor de los críos cuando se llega a viejo.

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