La belleza (Sandra Jiménez Cruz)

Sonrió y el mundo empezó a girar. Desaparecía brevemente como si fuese un destello de luz para resurgir como una tormenta de emociones. Dormía y el silencio se apoderaba de cada rincón, de cada centímetro de mi cuerpo, como si fuese la señal para desconectar del mundo. Y me miraba, ay cómo me miraba … desprendía vida, dulzura, amor … era fuerza, futuro, esperanza. Era parte de mi, era mi alma.

Si me preguntasen hace años por la felicidad hablaría de cosas absurdas, superfluas que hasta me despiertan lástima. Qué ingénua era, qué  egoístas somos. Y cómo perdemos a veces algo tan precioso como la vida en esperar a que llegue el mejor momento; en gustarnos y gustar a los demás; en adornarnos, maquillarnos y disfrazarnos interpretando un papel que realmente odiamos y no queremos. Pero es lo que esperan de nosotros. Y es lo que nosotros creemos que da la felicidad.
Yo caí de golpe, sin aviso previo y sin red. Y a pesar de la tristeza infinita, del vacío y de la ausencia de todo aquello que creía mi vida, desperté de nuevo y descubrí que lo duro no es empezar de nuevo, es darte cuenta de lo estúpida que has sido.
Y un día llegó ella … me sonrió y descubrí la belleza. Llegó mi vida

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