La bestia del espejo (Álvaro López Ferro)

En la torre de la ventana vive un monstruo terrible de varios ojos y bocas. Calza muchas botas, todas acabadas en punta, y roba pitillos a los borrachos cuando hablan fuera del bar. Devora tus copas cuando meas, sube el volumen cuando la policía llama a la puerta. Tras la ventana de la torre de la ventana se ve su espejo, oblongo como la campana que le hace de pared. Ahí se echa las horas, cambiando su cara de canal, devorando el tiempo a su alrededor, escribiendo bazofia en un pequeño ordenador, o bebiendo un café raro y petrolífero. Vende somníferos en colegios, gominolas en la rave, mueve el pelo de la rubia cuando pota, y desgasta el esmalte de la uña rica, muy rica. Besa palomas, entrena ratas,  gasta bromas eternas, salta por los tejados, rompe las farolas, jode las antenas. Es la bestia eterna, al otro lado, sonriente. No la mires mal, no la acaricies, y, sobre todo, no la alimentes.

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