La dirección de la mirada (Susana Trias)

Está sentada junto al ventanal, en el triángulo de luz que el sol de las once de la mañana dibuja en la pared. En la mesa, frente a ella,  una humeante taza de café.
Parece mirar más allá del cristal con su torso girado hacia el vidrio. Sólo veo su cabello marrón tornasolado caer en mechones adelante y atrás de su hombro, y en el reflejo, la intensidad de unos ojos que adivino oscuros y penetrantes.
Ni siquiera para levantar el pocillo de café desvía la mirada. Su mano blanca toma la pequeña asa y lleva la tacita a los labios, luego la apoya en el plato sin dejar de ver hacia afuera.
¿Se contempla ella misma como una versión femenina de Narciso asomada hacia el reflejo?
Tal vez la mirada no traspasa este plano donde su imagen se superpone al trajín de vehículos y gente.
Quizás espera a alguien y lo llama en silencio, con toda el alma asomada al exterior.
O es simple ensoñación, mientras en el abrigo tibio del sol detrás del vidrio, estira la mañana de invierno y piensa si se decide a pedir otro café.

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